Can Sabater
No muy lejos, en la calle la de la Concepción, Can Sabater muestra una fachada un poco más evolucionada, donde las ventanas de la planta superior se decoran a la lliuda con la típica muesca del arco conopial. Sobre esta planta se alza el porche, cuya presencia aún no tiene una repercusión estética en el acabado exterior.
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Cal General Morante
Cal General Morante fue la antigua casa de Bellveure, porque en el siglo XVII los Gelabert, propietarios de la posesión, la compraron a los Palou que la habían hecho construir antes del 1673. Posteriormente el edificio fue de distintas familias hasta que, en el siglo XX, la adquirió Mateu Morante y Frau (1934), conocido militar por el cual se mantiene el topónimo actual.
Can Morante, tanto por su situación como por su buen estado es, sin duda, uno de los mejores casales de Binissalem. Su buque se levanta como un bloque compacto de piedra alineado de forma irregular con la calle, uno de los más importantes del pueblo, conocido históricamente con diversos nombres: de la Socorrada, Major o camino de Bellveure. La fachada presenta un juego simétrico de aperturas formado por cuatro ventanas y el portal redondo, rematado por un balcón en medio. Un detalle singular que lo emparenta con las casas señoriales de Palma, es el porche con columnas octogonales y el voladizo de madera.
En el interior destaca la entrada con el arco rebajado sobre pilastras y un curioso portal al fondo, rematado por un frontón triangular con plintos y bolas de piedra, todo de un estilo manierista popular. Tampoco podemos olvidar el interés del empedrado con dibujos geométricos formados por guijarros y piedras que lucen pulidos por el paso del tiempo.
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Can Enric Sureda
Antes de seguir calle arriba, vale la pena que contempléis la fachada lateral de Can Enric Sureda. Fijaos en la armonía que tienen las tres ventanas abiertas en disposición triangular, remarcando un ritmo visual ascendente que encuentra su respuesta en la cuarta ventana abierta al porche.
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Can Garriga
También conocida como Can Torró, Can Garriga es un casal singular que destaca por la longitud de su fachada y por el patio barroco que se levanta a continuación de la entrada. Este edificio, ya en 1728, era la casa más valiosa del pueblo, reconstruida sobre propiedades anteriores desde el siglo XVII. Las reformas se tienen que atribuir a los Garriga, una familia de notarios, y a sus sucesores, los Costurer, de los cuales fue un ilustre descendente el jesuita Jaume Costurer y Garriga (1657—1715).
La fachada mantiene el portal redondo de piedra viva, un balcón situado de forma asimétrica y una larga hilera de ventanas de amplia moldura en la planta principal. A través del camino de entrada se llega al patio que se asimila a los de la ciudad, al igual que el de Can Gelabert de la Portella. El conjunto destaca por los dos arcos carpaneles que se alzan sobre columnas de factura barroca. Muy cerca se encuentra la gran boca de la fuente con las varillas de hierro de las que cuelga la polea. A pesar de encontrarnos en un espacio arquitectónico inacabado, tenemos que decir que este lugar tiene un encanto particular, porque posee una romántica perspectiva hacia el jardín-huerto donde se levanta un típico cenador con columnas y bancos de piedra.
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Can Marc
Can Marc es otro buen ejemplo de casal de la época barroca que destaca por la fachada de principios del siglo XVIII, posteriormente reformada sobre 1770 con tres balcones decorados con hierros artísticos de estilo Luís XV. Esto explica la asimetría que se observa entre el portal redondo y el balcón central.
Casa principal de la familia Salom de la Torre, el edificio se conserva de forma espléndida y mantiene todos los elementos propios de lo que era una casa de la “mà major binissalemera”. Destacan la bodega, los dos cubos, los establos, el corral y el huerto trasero, además de los interiores.
Una de las mejores partes de Can Marc es la planta baja, donde aparece la entrada con dos arcos que remarcan las tres crujías existentes. En la del fondo se levanta la caja de escalera que da acceso a la planta superior. Desde la entrada hay un portal directo a la bodega y también se pasa a los estudios, el comedor y la cocina. La presencia de algunos muebles típicos ayuda a reavivar el ambiente tradicional de la casa mallorquina
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Can Moià
Por último, queremos remarcar la existencia de numerosos casales situados en el centro histórico de Binissalem que se adaptan, en más o menos variantes, a las tipologías comentadas. Algunos de ellos están un poco apartados como, por ejemplo, los que hay en Robines: Can Moià, Can Julianoi, Can Garrover, etc. Un buen complemento de las casas son las dependencias anexas donde se abren bellos garajes para los carros y las tapias que cierran corrales y huertos.
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